Aquí van pensamientos, reflexiones, ideas sugeridas por el mundo que me rodea .... para compartir [LauraCA]



domingo, 7 de diciembre de 2025

El entusiasmo ¿somos autores o personajes de nuestra vida?


La obra de teatro El Entusiasmo, de Pablo Remón, dura dos horas y media, se nos hace un poco larga, pero también nos llega al corazón; nos entretiene y nos interroga. El protagonista, Toni, un cuarentón que aún no se ha habituado a serlo, es de Zaragoza; este dato, aparentemente sin importancia (a todos nos agrada Zaragoza, los maños son bien majetes) se convierte en el eje de la obra. Me explico:

Zaragoza es, nos lo cuenta Toni, una ciudad “normal”, utilizada por los estudios demoscópicos, sociológicos y las campañas de marketing para sus correspondientes ensayos. Así, si eres de Zaragoza y en consecuencia eres considerado “normal”, resultará imperativo que tu juventud tenga como objetivo alejarte, como sea, de esa normalidad. Te plantearás conseguir metas más allá de lo cotidianamente establecido y, sobre todo, lucharás por no parecerte a tu padre, más aún si este es de Zaragoza y se entusiasma cantando una jota en un crucero por las islas griegas. Gran momento dramático este, cuando Toni relata que mientras su padre cantaba y se le hinchaban las venas del cuello de puro disfrute, él y su hermano querían desaparecer del planeta tierra.

Estos días a Toni le cuesta madrugar y pelea con sus hijos para lograr salir de casa y llegar a tiempo al cole; discute con Olivia, su esposa, por cualquier bobada; su libro, ese con el que dejaría de ser de Zaragoza, no acaba de tomar forma; su amante (a la que bien poco ama) le deja y cada vez que se mira al espejo, se parece más a su padre.  Está desesperado, no se explica cómo ha llegado a esta situación de pura Zaragoza. Olivia, también insatisfecha, no deja de recordárselo: odia su barrio, Sanchinarro, se aburre en el parque, no entiende cómo ni por qué se ha conformado. Mira a Toni pero no encuentra motivos para aquietar sus desasosiegos y su desconfianza ¿Se puede saber hacia dónde van sus vidas?

Resultan graciosas, sobre todo si te recuerdan no pocos momentos de la crianza de tus hijos, las escenas que describen las contradicciones de una maternidad deseada y odiada a partes iguales, cuando pasas de ser una profesional con futuro a ser esa mujer pluri atareada, cansada, desorientada y a veces rendida, que interpreta con toda la desesperación requerida Natalia Hernández como Olivia.

En otro plano están las reflexiones de Toni, a quien entre otras muchas cosas obsesiona la figura de su padre, ese viudo que afrontaba en soledad la compra de una lavadora con diversos programas de centrifugado, mientras sus dos hijos, especialmente Toni, se esfuerzan en ignorarle y demostrar que a ellos la lavadora les importaba un bledo. Pero es que hay que lavar, y Toni ahora lo sabe y también compra lavadoras y se pregunta por primera vez si a su padre le satisfacía o no aquella compra. Se le parte el corazón cuando descubre que nunca volverá a revivir ese momento y que hubiera estado bien compartirlo de verdad con aquel hombre de Zaragoza que solo una vez exteriorizó su entusiasmo, aquella vez, cuando cantó una jota.

La obra tiene varios cierres, uno de ellos está relacionado con un relato escrito hace años por Toni, en el que se narraba cómo un muchacho de Tarragona vendía el próspero negocio heredado de su padre y contrataba una avioneta que exhibirá un cartel publicitario con el rótulo OS HAN ENGAÑADO, en letras bien grandes. Esa misma avioneta sobrevolará el cielo de Toni unos años más tarde. Una señal para desencadenar más preguntas existenciales en estos personajes que aún no han entendido su viaje desde Malasaña hasta Sanchinarro.

Otro de los círculos de la vida de esta pareja sobrepasada por la vida cotidiana, la que aburre y  cada día cuesta más cara, es la pequeña narración de la madre de Olivia, una mujer que abandona durante unas horas el cuidado de su esposo enfermo para “salirse de su vida” y soñar en el cine con una aventura en la Toscana donde ella se convierte en pastelera enamorada de un apuesto francés. ¿Otra vida conformada e insatisfecha?

No son pocas los ocasiones en las que nos hacemos esa pregunta; quizá no existen respuestas rotundas, quizá tan solo se trata de aprender a identificar y a disfrutar de instantes de entusiasmo, y, si es posible, compartirlos. Las dos cosas, los instantes y el entusiasmo.

Este viaje corre a cargo de unos excelentes actores, con fuerza y sensibilidad. Un texto y una dirección que no decepciona tras el gran éxito de los dos Tío Vania que tan valientemente defendió Pablo Remón la pasada temporada.


Texto y dirección: Pablo Remón

Reparto: Francesco Carril, Natalia Hernández, Raúl Prieto, Marina Salas

Teatro María Guerrero. Diciembre 2025

 

 

 

lunes, 9 de junio de 2025

Gotas de teatro: absurdas, frívolas y … trascendentes

Muchas gotas de lluvia han caído desde que allá por el mes de octubre del 2024 nos reuniéramos en una sala de la Biblioteca Eugenio Trías. Era el inicio de la temporada y había muchas ganas, también cierta excitación al encontrarnos en lo que, allá en nuestra infancia, fuera la Casa de Fieras de El Retiro. Cada una tenía sus propios recuerdos, pero todas evocábamos el espantoso olor que entonces inundaba esta parte del Parque ¡pobres animales!


Y allí nos tienes, a punto de conocer la propuesta teatral de Luisa Armenteros, cuya sonrisa contrasta con los concentrados rostros del grupo ¡Ni con una pitonisa hubiéramos adivinado sus pícaras intenciones!


Empiezan a caer sobre la mesa fotos, nombres, títulos, ilustraciones… de los que apenas conocemos nada: las mujeres de Penagos, el teatro del absurdo, una cantante calva, un rey que no quiere morir, un grupo de sicalípticas, algunas suripantas, Álvaro Retana, Tórtola Valencia, La Goya, Ubú Rey, bailes apaches, noticias representables…


Pregunta: ¿qué es todo este enredo? Respuesta: un reto; mejor aún, un reto con tres columnas y sus derivadas.  Si estuviéramos en una película americana, Luisa exclamaría: ¿Are you ready?  Y nosotras, las cinco, chocaríamos las palmas exclamando ¡Yeah! Pero no somos americanas, somos más bien contenidas, de pocas alharacas; pero eso sí, somos curiosas y estamos muy motivadas. No sin esfuerzo iremos poco a poco perdiendo sonrojos y ganando atrevimiento.


Pero antes de seguir vamos a tener que buscar otro espacio de ensayo. Luisa lo deja claro: “no, no vais a estar sentadas, esto no va de comentar desde el sillón, habrá que moverse… vamos a jugar al teatro”.  Y así, dejamos la Casa de Fieras para ocupar unas aulas de la Facultad de Documentación. Un gran logro de Paz, pues ahora sí dispondremos de espacio e intimidad.

Tenemos proyecto, tenemos voluntad, tenemos lugar de ensayo:  estamos listas ¿De qué va esto?

 

Primera derivada: TEATRO DEL ABSURDO. Arrancamos con dos obras de Eugene Ionesco: La Cantante Calva y El Rey se muere. Las leemos, analizamos y discutimos. Resultan un verdadero divertimento; descubrimos que no es tan absurdo exponer sin filtros y con mucho humor, como hace Ionesco, las no escasas incoherencias e insensateces de la existencia humana.


Preparamos unas escenas de La cantante Calva para grabarlas en nuestra privada función de Navidad. Hay mucha enjundia y mucha guasa en los diálogos de esta obra. Esos días, ante cualquier comentario, por nuestras cabezas se pasean los dichos de Mr. y Mrs. Martin: “Qué extraño, qué curioso y qué coincidencia… pero …no lo recuerdo”.

Aún me sonrío al recordar nuestras caracterizaciones… al más puro estilo inglés.

 

Segunda derivada. UNA NOTICIA… UNA ESCENA. Aquí tenemos uno de esos “más difícil todavía” que tanto miedo nos dan (a Luisa no). Se trata de un ejercicio de creación, dramatización, dirección e interpretación. Una práctica escénica ¿What?


Sí mujer, te fijas en una noticia que te impacte por cualquier motivo, meditas sobre si pudiera inspirar una dramatización, escribes una escena y luego, así, como si tal cosa, escoges un elenco (entre nosotras) y la montas. Sí claro, en el aula de la Facultad, con nuestros fondos de armario y algunas lamparitas. Las sillas y los fulares siempre ayudan.

Tienes aproximadamente 4 meses…


De este ejercicio, ejecutado con mucho esfuerzo y creo que con éxito, apunto dos grandes lecciones.


La primera, ¡qué ardua, compleja y comprometida es cualquier propuesta teatral! Debes tener claro qué es lo que quieres decir, después pensarás cómo vas a contarlo y, más adelante, cuando ya estás embarcada en la empresa, habrás de ingeniártelas para que lo que está en el papel y en tu cabeza sea transmitido por las actrices, nosotras, con verdad y emoción ¡Casi nada!

Segunda gran lección: la vida es puro teatro, el teatro es pura vida. Ya lo sabíamos; ahora lo corroboramos con nuestras escenas, que han servido para expresar opiniones y reacciones ante una realidad que no siempre nos agrada. Lo hemos hecho en forma de drama, charla, comedia y farsa. Han sido estas:

·   "Célebres y Depredadores". Tres mujeres -abuela, madre e hija- se enfrentan a sus demonios: los derivados de los abusos cometidos por sus seres más queridos y admirados.

·      "Café para dos”. Una charla entre dos viejas amigas nos pone sobre aviso del peligro subyacente en la difusión de falsas noticias.

·      "Esa palabra absurda". Una biblioteca acoge un grupo de lectura formado por mujeres jubiladas que exteriorizan su malestar ante los prejuicios que detectan hacia mujeres de su edad.

·      "Del Ventorro a la Barraca". Expresa la condena y el castigo que merecería recibir un político incompetente y desalmado como Carlos Mazón tras la inconmensurable tragedia de la Dana en Valencia.

 

Tercera derivada. GÉNERO ÍNFIMO.  La hemos dejado para el final, pero en realidad hemos jugado con esta tercera columna todo el año. Diría que ha sido como abrir un viejo baúl y descubrir -entre plumas, encajes, lentejuelas, láminas y fotos amarillentas- que nuestras abuelas no eran tan sobrias, puritanas o conservadoras como creíamos, o nos hicieron creer los oscuros años de la dictadura franquista.

En menor o mayor grado, nos hemos sorprendido ignorantes de la trascendencia de una Edad de Plata en España -acontecida en el primer tercio del siglo XX- durante la cual las mujeres reivindicaron un protagonismo que ríete tú de algunos feminismos de hoy en día.

Lo hemos averiguado junto a cinco grandes artistas. Hablamos de La Fornarina, La Goya, La Argentinita, Raquel Meller y Tórtola Valencia.  Cada una diferente al resto, pero con no pocos elementos en común. Baste destacar su valentía, su grandeza, su trascendencia, su personalidad y sus enfoques vanguardistas. 

Estas mujeres “modernas” triunfaron en el cante y el baile, en un género artístico que ha venido a llamarse ínfimo.  Y descubrimos que no es ínfimo por su escaso valor, sino por la corta duración de los cuplés, esos relatos breves con los que nuestras artistas enloquecían al público, en España y también en el extranjero. Aun así, estas artistas se enfrentaron a críticas y envidias, algunas también al olvido. Hubo muchas más, no todas han trascendido, pero a todas hemos querido homenajear.

Y aquí entra de nuevo el juego teatral: nos ataviamos magníficamente para representar en playback algunos cuplés recuperados de sus grabaciones originales, allá entre los años 1906 y 1926. Esto, la verdad, no se puede verbalizar, tendríais que verlo. No cabe la modestia, ¡Somos realmente buenas con el atrezo! y ¡cómo nos motiva!

Aquí estamos:

-Paz se convierte en Ramoncita Rovira interpretando, con sombrero de copa y una boa roja, el tema ¡Oh, la mujer!, de G. de Cea "Pousinet" y  V. Quirós.

-Rosa es una entusiasta y batalladora Carmen Flores en "La sindicalista", de Cortadillo y Font de Antá.

-Laura se pone romántica en la piel de La Argentinita, que canta con pasión “Por un suspiro", de Tecglen y Font de Antá.

-Nines, zalamera y delicada, es La Goyita, representando "Mimosa", la canción de Martínez Abades.

-Josefina, serena y orgullosa, se mete en la piel de la gran Raquel Meller, para contarnos la trágica historia narrada en "Sus pícaros ojos” de Montesinos hijo y V. Quirós.

-Rosa derrocha alegría, gracejo y tono chirigotero al encarar, otra vez en la piel de Carmen Flores, la tonadilla “Guasa viva", de Orejón.   

-El final apoteósico está en “Las Reinas del Placer", de Galobardes y V. Quirós. La voz es de Pilar Alonso, pero es Paz quien pone plumas y caderas a esta maravillosa reivindicación femenina de la vida alegre, sin complejos ni sumisiones ante los hombres.

Aún hay un poco más. Nos atrevemos a versionar las letras de varios cuplés, casi todos más conocidos por las ejecuciones de la gran Sara Montiel que por las originales. Resulta divertido jugar con aquellos “Tápame, tápame”, “Y ven y ven”, “La Violetera”, “El Polichinela”, “Fumando espero”, “La chica del 17”. ¡Viva la insinuación!

Todas juntas:

                                                                                 Con la falda muy cortita, muy cortita.

 Ajustadita, luciendo el talle, 

y el pelito muy cortito, muy cortito yo muy airosa voy por la calle.

Los zapatos muy chiquitos, muy chiquitos.

Las medias finas, a lo Rebeca.

Las muchachas taquimecas, meca-mecas, son la admiración de los chicos cañón.


 Y hasta aquí este sabroso ejercicio teatral. Un lujo. En femenino.

(*). Con la falda muy cortita>, también conocida como <El chotis de las taquimecas>,  es una de las canciones incluidas en la revista musical española de 1927 <Las castigadoras>>, cuya música la compuso el maestro granadino Francisco Alonso López y que supuso la consagración de la gran vedette Celia Gámez.

miércoles, 2 de octubre de 2024

Una de fútbol

 

Es verdad que disfruto con los grandes campeonatos de fútbol, tipo mundiales, Champions y copas de Europa, últimamente incluso más con las chicas futbolistas, pero hasta el pasado domingo, el mundo futbolístico estaba muy lejos de mis cavilaciones, reflexiones o como queramos llamarlas. Se jugaba el Derby, el primero de la temporada, el siempre “súper emocionante”, el “sin par”  enfrentamiento entre el  Atlético de Madrid y el Real Madrid. Toca en casa del Atlético. Bueno, pues a verlo. Me acomodo, está fresca la noche, a ver transcurrir minutos de futbol sin riesgos, sin la emoción de una final. Y el partido me resulta un aburridísimo rollete, solo soportable en relación directamente proporcional a la comodidad de mi sofá.

Me fui descolgando, para estas situaciones tener el móvil a mano es estupendo, y así, miraba algunas cosillas y de vez en cuando levantaba la cabeza para ver como seguía el tiki taka.  Sin novedad en los marcadores. En la segunda parte ataca el Real Madrid y, por fin, un gol. 

Locura en el estadio. Los ultras del Frente Atlético empiezan a agitarse, a desahogarse con insultos llenos de mala baba y todos los gestos que puedan ofender. Pero ¿Qué les pasa a los hinchas? (da igual su color) ¿Por qué esos odios? ¿Qué les va en ello? la vida no, eso seguro. 

El portero del Madrid se enseñorea, se enfrenta a los forofos con gestos de hombre fuerte (casi 2 metros) ¡Cuidado! eso no, no en campo contrario, faltaría más, normas no escritas se agitan en las gradas. Los atléticos pasan a mayores. Ahora lazan un mechero, ahora otro, ahora una bolsa con restos de la merienda…

El cancerbero se irrita, igual hasta se preocupa, porque seguro que  un mecherazo en plena cabeza te deja, cuanto menos, una herida.  Entrega al árbitro los objetos, gesticula de nuevo y … se para el partido.

Hay que poner orden. Allá van, intentando guardar y hacer guardar la calma,  el capitán y el entrenador atléticos. Se acercan a las gradas de los ultras. Algunos -encapuchados, por cierto- dialogan o, mejor dicho, intercambian gritos. La autoridad del entrenador, líder supremo e ídolo atlético, no se discute. Se calman los ánimos. Se reanuda el partido.

Yo ya lo dejo, mañana es lunes. Pero sigo el tema escuchando la radio. Y aquí viene lo bueno, los periodistas deportivos, (a los que admiro sinceramente por su entrega, profesionalidad y entusiasmo) se crecen con incidentes como este, se vienen arriba. Lo que casi nunca pueden evitar es que se les vea el plumero, es decir, si son madridistas, del Barça o del Atlético, se les nota. Así, algunos, dando vueltas a los hechos, empiezan a justificar los actos vandálicos. Que si ya se sabe  cómo son los hinchas, que en su campo no se puede provocar a los del Frente Atlético, que un profesional como el portero del Real Madrid, que conoce al enemigo, no puede arriesgarse con esos gestos. Vamos, que aún sin llegar a respaldar o aprobar el lanzamiento de los mecheros, se diagnostica que el “incidente” ha tenido lugar tras una provocación.

Los oídos me pitan, me paro a escuchar, he oído bien, algunos de estos comentaristas deportivos disculpan la violencia, entienden que es inevitable pues, repiten, ha habido provocación. Y me vienen a la cabeza, con asco,  los comentarios de ciertos jueces y no pocos ciudadanos cuando excusan una violación o un abuso, sencillamente porque la mujer iba en minifalda o estaba borracha, porque era una fresca o, era evidente, se lo iba buscando.

Y aún me espanto más cuando por la mañana encuentro fotos en la prensa informando de cómo al final del partido el equipo atlético fue hasta el fondo del estadio a aplaudir a sus hinchas. Les reconocía su apoyo ¿Aprobaba así su comportamiento, lo justificaba?

Que fácil es hoy en día ser malo, especialmente si te jalean y, aún más,  si vas encapuchado, escondido entre la masa, como en las redes sociales.

No hay más  comentarios, señoría.

martes, 18 de junio de 2024

Lo volvimos a hacer… Gotas de teatro

Lo confieso: yo no creía, pero ahora creo*. 

Tranquilos… No, no se trata de hablar ahora de posicionamientos de fe, ética o moral, sino de contar el trayecto de un esfuerzo colectivo, que partía, creo, de la incredulidad.  Porque ¿Cómo diablos íbamos a convertir en teatro unos poemas? ¿Cómo daríamos sentido e interpretaríamos unos versos tan profundos y personales como los que plasmó José Hierro en su Cuaderno de Nueva York?   Comprender, aunque fuera solo a medias,  los poemas,  ya era un reto, pero ¿desentrañarlos, domarlos, interiorizarlos, expresarlos, representarlos y, encima de todo,  transmitirlos? Ciertamente, parecía imposible o, siguiendo con el tono de esta crónica, increíble. 

Rebobino, somos seis mujeres que una vez a la semana se reúnen con Luisa Armenteros,  actriz y profesora,  para estudiar, analizar y jugar al teatro. Nos gusta opinar, darnos la razón, o quitárnosla;  pero no estamos nada seguras de necesitar un público que nos contemple y, menos aún, que nos juzgue ¡Ya estamos creciditas!

Luisa explica que sin público no hay teatro. Recopila bellas citas de grandes autores como refuerzo, y lo entendemos, pero… nos da miedo. El público es la sombra que nos persigue durante las últimas semanas, cuando los ensayos avanzan… pero las dudas y las equivocaciones persisten y delatan nuestra débil fe.

Luisa reparte las intervenciones, establece tiempos, ritmos, movimientos y ordena los espacios. Nosotras empezamos a pensar en luces, atrezzo, música, vestuario… ¡hasta diseñamos un folleto y un póster que anuncia el gran día!

Seguimos trabajando y dudando. Nos falta energía, entusiasmo. Nos falta fe. A nosotras seis. A Luisa no. Sabe, porque lo ha experimentado muchas veces, que el escenario, las luces, la música, la responsabilidad y el público (¡qué pase!) nos dará la fuerza y la seguridad que, por el momento, no encontramos. 

Casi al límite de la fecha establecida, espabilamos. 

El ejercicio teatral está listo -más nos vale, pues el día D está al llegar-. Vestiremos con diversas combinaciones de blanco y negro, unas tiras de luces imitadoras del neón enmarcarán la escena mientras desde un televisor surgirá la música acompasada con evocadoras imágenes. Seis sillas se convertirán, gracias a José Hierro, en la cubierta de un barco, las butacas del Metropolitan, los pasillos de un hotel,  los bancos en un claustro, el trono del Rey Lear, las sombras y las calles de Nueva York...

Se apaga la luz, el público guarda silencio (han venido nuestros allegados, posiblemente más por compromiso que por interés). Salimos, no hay vuelta atrás. Tenemos ganas. Suena la música. Delante, detrás, entre las sillas, van sucediéndose los poemas. ¡Y, oh milagro!, los sentimos, los disfrutamos, los transmitimos. Creo, ahora sí,  que algo logramos. El público se sorprende, no lo esperaba. Aplausos.

Otra confesión, la última: he soñado con esos aplausos, me han gustado tanto que hasta pienso que me atrevería a hacerlo otra vez.

Biblioteca Miguel Delibes, Madrid. 13/06/2024
 "La poesía es el arte temporal por excelencia. Pero además puede, y debe, tener cierta construcción como la arquitectura; bulto, como la escultura; color, como la pintura; ritmo, como la música; contar algo, como la narrativa… en la poesía se funden las artes del tiempo y del espacio. Y también hay una influencia, al contrario, claro; hay esculturas que son pura música, cuadros que son poemas hechos sin palabras…"

 José Hierro

  

*Mientras escribo resuena en mi cabeza la canción de C Tangana y Nathy Peluso “Yo era ateo, pero ahora creo” 

 

lunes, 25 de septiembre de 2023

Cayucos, vidas, e indiferencia

Puerto de La Restinga, 27 agosto 2023

El pasado agosto estuve unos días en La Restinga, isla de El Hierro, Canarias, allá en el extremo más al oeste de España.

Desde el apartamento alquilado podía divisar el pequeño puerto que da vida a esta localidad de pescadores y desde hace ya algunas décadas, punto de encuentro de buceadores entusiastas de sus fondos marinos.  Asomarme a la terraza era obligado antes de despedirme hasta el día siguiente, para disfrutar la salida de una luna casi llena. 

Lo que contemplé, sin embargo, resultó inesperado,  y no porque no hubiera leído sobre ello días atrás; sabía de sobra que, como venía sucediendo los últimos veranos, los cayucos estaban llegando a las islas Canarias casi a diario y que El Hierro no era una excepción. De hecho, recién aterrizada, al pasar por Valverde camino de La Restinga, ya observé en el polideportivo un animado partido de futbol protagonizado por jóvenes subsaharianos. Fuera de contexto, se  podrían haber tomado por notables atletas disfrutando del deporte rey. Pero no, eran migrantes*  probablemente recién llegados y en espera de la recolocación o repatriación. Pero yo iniciaba mis  vacaciones, hecha la consabida exclamación ¡qué lástima, tan jóvenes, esos chicos! Y tras la inevitable pregunta ¿Qué será de ellos y ellas ahora? No le dediqué muchos más pensamientos al “tema”.

Vuelvo a la noche de la llegada. Estoy, como decía, asomada a la terraza y es cuando veo el buque naranja de salvamento marítimo con los focos encendidos, hay trajín en la zona del puerto, luces y voces que delatan una noche agitada ¿Será la llegada de un cayuco? Es tarde, mañana madrugo, estoy cansada y me retiro sin darle muchas más vueltas, auto convenciéndome de que no va a ser un cayuco justo ahora, eso es algo más bien del noticiero...

Por la mañana, temprano, de camino hacia la zona  habilitada en el puerto para las lanchas de buceo  lo que veo confirma que las luces de ayer sí anunciaban la llegada de un cayuco. Más de 100 personas, hacinadas y gritando vivas, habían desembarcado en La Restinga esa noche con  el auxilio del  barco de Salvamento Marítimo. La fuerte e intimidante marejada justificaba el alivio expresado en las exclamaciones de júbilo de esas personas, por fin aliviadas, ¡salvadas! tras asumir el mayor riesgo que existe: jugarse literalmente la vida en su intento por alcanzar una vida digna.

Me sonrojo, de alguna forma me avergüenzo de seguir yo con la mía, mi vida, dedicada estos días a las vacaciones, al disfrute de la isla y al hechizo de mirar, en paz, hacia el océano. Me ha hecho falta contemplar los cayucos de cerca, casi tocarlos, para medio entender la dimensión de la tragedia. Los cayucos son apenas un cascarón de madera y, paradójicamente, son barquitas alegres, pintadas de colores, esos que caracterizan al continente africano. Dentro de éste, recién llegado, ya solo quedan los restos de la arriesgada travesía: tablones, plásticos, bidones, lonas, cuerdas, alguna sudadera mojada, una zapatilla, una bota, botellas... Los que pasamos cerca nos paramos en silencio a contemplar curiosos el cayuco en dique seco, también a los operarios que vestidos con trajes protectores vacían con meticulosidad el cayuco antes de enviarlo directo a la incineración. Hay entre los observantes una especie de pacto de respecto y silencio, quizá reflejo de cierta angustia, tristeza y embarazo. Se percibe un colectivo  “no saber que decir”,  para solo murmurar “¡qué pena!” y… seguir a lo nuestro.

Pasaré varias veces más delante del cayuco, ya testigo inerte de la tragedia que sucede cada día  en  aguas mediterráneas y atlánticas: la huida masiva e imparable de jóvenes en busca de futuro, el naufragio de tantos y la llegada de los supervivientes a las costas europeas donde el recibimiento será otro obstáculo, uno más, a sus ilusiones.  Y en todas me detengo otra vez para contemplar el cayuco,  intentando entender, atrapar sensaciones y reconocer la turbación de estar en el lado bueno sin mérito alguno, porque me tocó nacer en Europa, a salvo de mafias, de traficantes y de sinvergüenzas avariciosos.

Por la tarde, frente a un deliciosa cena de pescado en el paseo marítimo de La Restinga sigo teniendo los cayucos a la vista; como yo, otros habitantes y visitantes, conversamos y disfrutamos, hoy ya sí, de la luna llena y la placidez de la noche atlántica. No escucho hablar de los cayucos, sus pasajeros fueron trasladados la misma noche de su llegada, nunca los vimos. Quizá hayan jugado al futbol esta tarde, reforzando los equipos que vimos en Valverde, quizá hayan sido repatriados, quizá estén en el hospital… Estarán secos, hidratados y alimentados, pero llenos de inquietud y seguramente también de esperanza. Los imagino optimistas tras haber sobrevivido a la espeluznante travesía; con fuerza para afrontar el siguiente reto, llegar al continente europeo, contactar son sus referencias, encontrar cobijo, trabajo… alcanzar sus sueños. O no.

Miro a mi alrededor, me miro hacia dentro y solo encuentro indiferencia,  esa que te protege del abismo o de la vergüenza, que te consuela en falso, convenciéndote que tú no tienes la culpa, que son las mafias, los gobiernos fallidos de África los responsables… y solo a medias te lo crees. Y te sientes regular.

Ciertos datos:

En 2023 han llegado a Canarias más de 14.000 migrantes en 252 cayucos, pateras y neumáticas. https://www.rtve.es/noticias/20230914/canarias-supera-llegadas-migrantes/2455930.shtml 14 de septiembre de 2023.

Desembarco de 12.000 migrantes a Lampedusa en una semana de septiembre.

https://elpais.com/internacional/2023-09-19/puerta-de-europa-para-los-migrantes-y-paraiso-para-turistas-las-dos-lampedusas-que-casi-nunca-se-cruzan.html

 * «Migrante» es, en general, el 'que migra', y «migrar» es 'trasladarse desde el lugar en que se habita a otro diferente'. Es voz correcta y útil cuando no se habla desde la perspectiva del lugar de salida («emigrante») o del de llegada («inmigrante»).

 

lunes, 21 de agosto de 2023

Rayuela... y María

28 de junio de 2023, suena un titular en la radio: “Rayuela cumple 60 años” y, sin aviso previo, con total independencia de mi voluntad, se desanudan las neuronas del recuerdo, de la melancolía y del ensueño. Consulto entonces periódicos y publicaciones on line que se ocupan de la efeméride con titulares que parecen copiarse unos a otros:

Rayuela cumple 60 años: la novela que nos enseñó que con la literatura sí se juega”. El Comercio, PerúA 60 años de la publicación de "Rayuela", libro icónico de Julio Cortázar. Ministerio cultura ArgentinaPor qué “Rayuela” de Cortázar sigue vendiendo 10 mil ejemplares al año a seis décadas de su publicación”. Leamos"Rayuela cumple 60 años: el libro juguetón que sigue siendo un éxito”. La Razón60 años de Rayuela: todas querían ser La MagaLa Opinión de Málaga  

Lo intento, pero no los leo, me los dejo para “después”. Creo que no quiero contaminar recuerdos. Fue María, aún en el instituto, quien empezó a hablar de Rayuela. Eran tiempos de intercambios, de libros que pasaban de unas manos a otras sin necesidad de influencers ni tik toks; bastaba la fascinación de un lector próximo para entender que “había que leer” tal o cual novela. Sin orden, sin concierto, sin criterios preestablecidos, llegaron a nuestras manos El cuarteto de Alejandría, El extranjero, La ciudad y los perros, Cien años de soledad, Madame Bovary, Crimen y Castigo, 1984, Un mundo feliz, On the road, El siglo de las luces, … todos, de un modo u otro, entendidos a medias o casi nada, dejaron huella en nuestras tiernas cabecitas.

Lo que sí hacen los titulares del aniversario de Rayuela es empujarme al reto de releer Rayuela, y lo acepto ¿Qué versión escoger? ¿Todos los capítulos seguidos, aleatoriamente o según la pauta o guía que también propone Cortázar?  Me lanzo a la lectura ordenada, de cabo a rabo, sin saltos. Descubro o redescubro, que Rayuela no es, no lo ha sido nunca, un libro o una novela cualquiera; no es fácil, no es amable, no es ingenua. Y me pregunto cómo “carajo” pude quedar fascinada o entender algo de ese texto inmenso, plagado de referencias a la música de jazz, a la literatura, a la filosofía, a la ciencia… referencias que aún hoy (y han pasado algunos años y mucha vida) reconozco solo a medias. Me encuentro hasta con una cita a Oppenheimer, el científico que “parió” la bomba atómica y que ahora descubrimos por la gentileza de Hollywood en su oferta  de películas de verano.

Y me admiro, me rindo a los pies de Julio Cortázar; por su inmensa erudición, por sus cultas citas sin Google, por su espíritu crítico e indomable, por su clarividencia. ¿Cómo denominar, si no, un párrafo como este, escrito en los años cincuenta del siglo veinte?:

“El reino será de material plástico, es un hecho. Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana; será mucho peor, será un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una delicada atención del servicio nacional de higiene, con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales para los habitantes de Reikiavik, vistas de igloos para los de La Habana, compensaciones sutiles que conformarán todas las rebeldías, etcétera.”

Y me reencuentro, aliviada y sorprendida, con mi Rayuela, la que quedó en mi cerebrín adolescente. La resumo en las siguientes reflexiones o más bien, cavilaciones.

La primera es la referida al amor, el de verdad, ese que Horacio Oliveira teme y pretende ignorar porque sabe que le lleva, inmisericordemente a entregarse, a compartir el ojo del Cíclope, a vivir, espantado, en la rutina, a perder la sorpresa de encontrarse, o no, con la Maga en las calles de París… y así, con amor,  dejar de ser él, el inconformista y atormentado Oracio Holiveira. Saber desde temprano que el amor puede, y debe, ser sublime, ayuda.

La segunda atañe a lo que yo en mi primera lectura llamé “ambiente Rayuela”: humo de cigarrillos Gauloises, música de jazz, cuartetos clásicos, habitaciones desordenadas, conversaciones y debates… bohemia, París. ¡Cómo soñé con vivirlo!

La tercera es la curiosidad por saber, por leer, por viajar, por vivir mirando de otra forma, buscando los matices fantásticos de la realidad que nos aplasta. No siempre se puede estar en este modo, pero saber que es posible y apasionante, también ayuda.

Y luego están las coincidencias, los azares y las rimas de la vida que tanto me sorprenden y me gustan. Con Rayuela y Cortázar he tenidos dos recientes, para relamerse. La primera ocurre justo tras escuchar la noticia del aniversario de la publicación de Rayuela mientras preparaba la mochila para un viaje. Decido entonces escoger un libro que no pese, de los que puedes leer o releer en cualquier ocasión, y me asomo sin más a mi estantería, sin gafas no puedo leer los lomos así que elijo entre varios uno de los más delgados ¡es Historias de Cronopios y de Famas! Me cosquillea el alma.

La segunda. Ya en plena lectura de Rayuela voy subrayando algunos párrafos que me hacen pensar o que al menos entiendo, pues es este en muchas ocasiones un texto oscuro y complejo. Uno que me gusta dice: “Después de los 40 años, la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás”. Resulta que leyendo la prensa me detengo en un artículo de Ana Iris Simón titulado “Un viejo y un crío son como un Jano bifronte”; habla de narraciones y me engancha, sin sospechar que un poco más abajo la autora refiere que leyó Rayuela a los quince años y que le viene a la cabeza, mira por dónde, la citada frasecita.

Son tontunas, pero entre ellas me queda una certeza, Rayuela fue, es y será importante en mi vida. Gracias, mi querida María. Te vas, pero te quedas.

Nota: no he podido evitar un fogonazo de estupor a leer las referencias al lector-hembra de los miembros masculinos del Club de la Serpiente (en realidad ni Babs ni La Maga, mujeres, pertenecen al Club, son convidadas a las reuniones, pero figuran, en todo, minusvaloradas, ellas y sus comentarios). El lector-hembra es despreciado por Oliveira y sus camaradas, espantados por su superficialidad y conformismo; el lector-hembra no se entera de nada más allá de lo evidente y no entiende de ejercicios literarios ni de referencias. 

Leo que  Cortázar  medio se disculpó años más tarde de la utilización de la palabra hembra para definir la debilidad intelectual. Eran, desde luego, otros tiempos, otros enfoques. Leerlo hoy, rechina, rasca... es un sapo a tragar en esta novela donde las hembras, la verdad, no salen bien paradas. Y otra alusión a mis "encajes" o coincidencias,  la alusión a la debilidad del lector-hembra  me ha recordado al hombre blandengue de El Fari, ese castizo taxista cantante con una visión algo rancia del mundo;  sin duda  muy, muy lejos de la de Cortázar/Oliveira ¿O no?  Los machismos se tocan.

 El hombre blandengue

viernes, 4 de agosto de 2023

Encuentros en la GR-11. Transpirenaica de Este a Oeste.

Dediqué otra entrada del blog al desafío de afrontar varios días de caminata por los Pirineos; hablaba entonces de la calma física y espiritual que llega tras el esfuerzo y la superación de los obstáculos que imponen las cuestas, la sed, el roce de las botas o la irritación de los hombros bajo la mochila. Por eso, esta vez, tras ocho jornadas siguiendo la ruta pirenaica GR 11 de Este a Oeste, desde el Mediterráneo (Cap de Creus) hasta Setcases en La Garrotxa,  se me antoja contar de nuestros encuentros y hospedajes, que han sido curiosos, divertidos y sugerentes.

No era fácil encontrar alojamientos a lo largo de esta ruta, más pensada para la acampada y los refugios que para ofrecer comodidades,  pero se podía hacer;  con flexibilidad, ganas y un poco de gracia. Así lo concibieron y diseñaron, para todo el grupo, Rosalía y Fermín. Podría haber sorpresas, nos dijeron. Las hubo. Y aquí quedan, como entrañables episodios cuyo recuerdo nos acompañará, seguro, en los próximos tramos de esta GR 11 que planeamos recorrer hasta llegar al Cantábrico. 

Porque recorriendo sendas por el monte tropezamos con otros caminantes con los que, a veces, se cruzan breves palabras o apenas unas miradas y, luego, no se sabe bien por qué, permanecen en nuestras retinas muchos años, llegando a convertirse en comunes recuerdos fetiche. Como aquella dulce Amanda de la Senda Camille, que pasará a la historia de estos trekking como la muchacha más aguerrida y despistada de los Pirineos, o aquella otra chica alemana que viajaba con su madre y una noche, en un refugio de Córcega, tuvo un ataque de pánico pensando que nos habían dejado encerrados; o aquel paisano que ascendía el pico Bisaurín con un coche teledirigido ocupado por muñecos, o el guarda del Refugio Garabito, con fama de ser el más antipático del universo que va y nos prepara una paella magistral. Y como no recordar a Jorge, ese mozo leonés que en Picos de Europa, tras una noche de farra, no atinaba ni a hablar mientras derramaba el café intentando apañar los desayunos en su acogedor hotelito de Soto de Valdeón.

Durante estos días de travesía  también se han sucedido anécdotas que apetece relatar, o al menos bosquejar, para que no caigan en el olvido, para relamerlas a la sombra, para evocar buenos ratos, todos en bellos escenarios. Alla vamos:

-Día 1. Cap de Creus-Port de la Selva.

No nos bañamos, como mandan los cánones, al iniciar el camino; una lástima, pero es que nos pasamos de cala en nuestra impaciencia por empezar a avanzar, por asumir la mochila, las botas y el calor. No es sencillo el primer día, hay que “hacerse” a la tarea y aprender a disfrutarla, porque aceptar que sólo cuentas con tus fuerzas, las que tengas, y tu mochila, para afrontar el reto es, cuando menos, inquietante.

Pero se aguantan los primeros kilómetros, se aspira el olor del Mediterráneo y de los matorrales, se admiran las flores de las chumberas y se gestiona el sudor y la sed. Llegar a Port de la Selva como fin de la primera etapa es un regalo ¡un puerto de mar en una etapa pirenaica! ¡vaya lujo! Esa noche la pasamos en el Hostal Germán, acompañados de unos moteros con aspecto de ángeles del infierno, que resultaron educados y apacibles.  Magnífico baño
en la playa y cena de pescaditos y fideuás… también luna y frescor marino. Nada mal como principio. 

Día 2. Port de la Selva- Vilamañiscle.

Dejamos la costa para subir, ¡menudo cuestorro!, hasta el Monasterio de San Pere de Rodes. No defraudan estos monasterios. Por la ubicación, por la sorpresa que siempre provocan su arquitectura y su recogimiento y, en este caso, por facilitar un buen refresco en mitad del camino. Esta etapa nos mata de calor cuando bajamos  de nuevo a la costa, hasta Llansá, donde la sombra encontrada es un minúsculo parque con una fuente donde refrescamos cabeza y pies ¡Clochards-mochileros-montañeros!

La jornada pasa de los 25 km (a Rosa ya le ha cobrado su precio con un desafortunado tropezón ¡qué mala pata!).  Recorriéndola abandonamos definitivamente la costa para adentrarnos en el bosque mediterráneo. Aparecen los pinos y los alcornoques, el frescor marino desaparece y el camino se hará largo hasta llegar a Vilamañiscle -menos mal que Rober nos anima sintonizando canciones evocadoras ¡ese Benvinguts de Sisa!  

Por fin, el hostal El Penell nos acoge con su peculiar patio colonial y una gran terraza desde la que divisar, a lo lejos, el Golfo de Roses y la Sierra de Rodes. Una lástima que todavía no se haya inventado la mochila-guitarra, pero nos apañamos escuchando grabadas canciones que Carlos ha compuesto e interpretado. Un lujo.

La historia del lugar -Paz conseguirá aclararla- tiene su miga: la ilusión de los iniciales dueños, truncada por trámites municipales y desgracias personales; la iniciativa de unos alemanes, que se desencantan con la pandemia y, finalmente, la llegada de una joven pareja que maneja con gracia unos cómodos apartamentos. Cenamos en la piscina municipal del pueblo, donde recibimos un trato muy amable. El grupo se completa ¡ahora somos once!

Día 3. Vilamañiscle-Finca de Requesens

Esta tercera etapa tiene más de 30km de sube y baja. Nos encontraremos con ermitas y monasterios, ya más humildes que el de San Pere de Rodes, pero quizá por eso más encantadores, como Sant Quirze de Cólera. Encontramos algún tramo de carretera que se hace pesado y, de paso,  se encarga de dejar ciertas ampollas en nuestros delicados pies. Qué maravilla encontrarse, de pronto, en una sombreado rincón del camino, con una mesa y dos garrafas de agua fresca que algún paisano/a rellena cada día para los caminantes y adorna con una simple nota “Free water”. ¡Muchas gracias, amigo/a!

El momentazo llegará al  avistar el castillo de Requesens, grandioso en pleno bosque de alcornoques y señal de que estamos ya muy cerca de la meta. La idea de que Requesens era un pueblo no sabemos bien de donde salió. En realidad, Requesens es el castillo y este castillo tiene una misteriosa dueña que habita cerca, en un reducido y destartalado conjunto de edificaciones rurales. Ocuparíamos, este grupo de once, una de ellas. También la habitaban mosquitos, gatos, algún perro que se colaba. Un lugar destartalado con vistas insuperables. Lo que viene a llamarse un “lugar con encanto”.

Nada más llegar nos recibe Norma, sin duda el primer personaje “de carácter” que llega a esta crónica. Norma ha inventado una profesión: es avitualladora de la ruta pirenaica GR 11. Conecta con los senderistas y les facilita alojamiento y manutención. Para nosotros preparará cena y desayuno; los hace muy ricos y con cariño, el que también transmite cuando explica que, a veces, los caminantes llegan exhaustos y mal preparados, que ella les asiste, les da cobijo y consejo. Habla sin parar. Sus reparos, velados y con cierto aire conspirativo, los reserva para otro tipo de visitantes, como los cazadores; también para algunos habitantes de esta bella comarca…

Día 4. Requesens-La Vajol.

Otra vez más de 25 km por delante. Etapa extraña. Porque raro es pasar por una ciudad o atravesar túneles bajo la autopista y la vía del tren cuando recorres una senda pirenaica. Hemos llegado rápido a La Junquera, conversando sin parar, porque los caminos inspiran y da gusto. Y hemos fotografiado un viejo avión antiincendios estrellado en el bosque en los años 80. La Junquera resulta agradable, al menos su núcleo original apartado de la autovía. Avituallamiento..

El segundo tramo es áspero, otro cuestarrón, que atraviesa un tupido alcornocal sin sotobosque, lleno de ramas caídas que provocan cierta desazón. No es un bosque acogedor. Le sigue otro largo tramo de carretera que recorremos ansiosos por llegar a La Vajol, un pequeño pueblo que homenajea a quienes desde allí marcharon hacia Francia huyendo de las consecuencias de la Guerra Civil del 36.

Y en La Vajol conocemos a Conxita. Esta mujer deja huella en el grupo. Por su simpatía, por su alegre y cantarina voz, por su cocina y sus bocadillos. ¡Y tanto! responde a cada una de nuestras peticiones, y al momento ahí tenemos la cerveza, las aceitunas, el pan, el rollito, el tomate,  lo que haga falta. Conxita regenta con su marido la pensión donde dormimos de maravilla y el bar restaurante Ca La Conxita. Trabajan duro los dos, pero ella es, ¡y tanto!, el alma de la fiesta.

Día 5. La Vajol-Albanya.

Otra vez más de 25 km (me repito, pero es el mantra, y la tarea, que sobrevuela nuestras cabezas al inicio de estas etapas). Salir de La Vajol, cuesta arriba, despidiendo a los tres amigos que, pena penita pena, nos dejan (y también a Conxita) … desanima un poco, pero como siempre, el paisaje gana y ¡a por ello!. 

Esta ruta pasa por la mina Canta, donde se escondió el famoso oro de la II República; también por Maçanet de Cabrenys, pueblo impecable para adentrarse en el Alt Empurdá, comarca que contemplamos desde el collado de La Trilla. Desde aquí, en sube y baja por bosques de rebollos, coscojas y hasta hayas, pero aún acompañados de alcornoques, alcanzamos Albanya. Antes tuvimos que rechazar, como Ulises a las sirenas, la tentación del Molí de Rober, un bello rincón con piscina y con perfume de chuletillas al sarmiento… pero es que la ruta es muy, muy larga, no caben las distracciones.

Albanya es otra joyita, que ofrece la antigua Rectoría, junto a la iglesia de St. Pere, como albergue. El alojamiento, donde compartimos habitaciones de cuatro, está muy bien rehabilitado y tomar una cerveza en su terraza, aunque amenace lluvia, es el premio soñado. 

Cuando las muchachas que regentan el lugar empiezan a poner algunas pegas y restricciones, a explicar que aquí esto es “así” o “así”, que el desayuno es un bocata que hacen por la noche, que no piensan levantarse para hacer café… nos quedamos algo aplanados. ¡Echamos de menos a Conxita! Y aún más cuando las muchachas emplean más de media hora en una tosca discusión en plena calle con una pareja; resultará incómodo. Cuando malamente se recuperan, las posaderas continúan con la cantinela: como lo vuestro es media pensión … solo os toca de postre un helado, pero no todos los de la carta, eh, solo los baratitos… El desayuno, tal como prometieron, fue bien pobretón. Pero, inasequibles al desaliento, salimos tan contentos como siempre, dispuestos a comernos otra etapa. ¡Hasta la próxima, Rectoría de L’Albanya!

-Día 6. Albanya-Easy Day

Había expectación respecto de esta jornada, y no precisamente por la ruta, que por supuesto sería, como todas, bella y esforzada: con sus espesos bosques, las vistas desde el refugio de Bassegoda, algunos baños en el río, también algunos dólmenes y ermitas (que en realidad solo intuimos o avistamos de lejos, por
que a ver quién es el valiente que se desvía unos metros para tocar unas piedrecitas…, es lo que tiene ir justito de fuerzas y sobrado de paisaje).

Al grano, nuestro gran objetivo en la sexta jornada era llegar a Easy Day, un lugar que se prometía especial, siendo una ligera desviación de la ruta GR, una libre interpretación que nos permitiría unas distancias razonables y un descanso merecido.

Easy Day, se ubica en Montagut i Oix, una  masía a orillas de la Riera de Sant Aniol, ya en la comarca de La Garrotxa. Se anuncia como un lugar “en medio del paraíso, dedicado a los retiros, la educación y las artes”. Uhmmm, Ohmmm.

El lugar nos recibe con una fresca limonada y unas sabrosas tartas de manzana y albaricoque;  para reconfortar, sin prisa, el cuerpo y la mente. "Vamos a estar bien aquí", comentamos, porque el entorno es especial y también lo parecen nuestros anfitriones, que nos cuentan satisfechos algunas de sus actividades, como un concierto musical, que acaban de celebrar con 200 asistentes "¿Cómo lo habrán organizado en un lugar tan remoto como este?" nos preguntamos.

Easy Day es una estancia “alternativa” que nos divierte:  duchas “a cubos”, wáteres secos, un gran domo o tienda donde dormir, todos juntos, sobre unos futones con estampados africanos, gallinas felices y en libertad,  banderines tibetanos, unas piedras que señalan a los hombres donde han de apuntar cuando mean,  (para las mujeres: ancha es Castilla…) No hay quejas, aunque pasemos algo de frío a la noche y los mosquitos amenacen nuestro flujo sanguíneo. 

Y es que la cena y el desayuno (vegetarianos) fueron sencillamente insuperables: parmegiana, ensaladas, tzatziki, zumos naturales, buen vino, frutas, tiramisú, falafel, tostadas, tartas, yogurt…  Estupendo Easy Day. Nos llevamos de recuerdo a los anfitriones con su rubio querubín, sus velas, su fuego nocturno, las flores, y, sobre todo, a su estupenda y creativa cocinera.

-Día 7. Easy Day- Can Planas

Con mucho calor desde muy temprano, recuperamos la senda GR-11. Será a la altura  del refugio de Talaixá, uno de esos lugares que corroboran que los sudores bajo las mochilas merecen la pena ¡Menuda vista sobre la frondosidad del bosque de La Garrotxa!. 

Es curioso, hasta hoy apenas nos hemos encontrado con gente en la ruta; solo algún caminante silencioso y solitario, una pareja y su perrito con alforjas, alguna muchacha cansada y sonriente, pero ni en los alojamientos ni el camino hemos intercambiado  una palabra entre “caminantes”.  Solo hoy nos toparemos y conversaremos con un excursionista, es un joven inglés que se detiene al vernos descansar bajo la sombra. El camina hacia el mar Mediterráneo, está haciendo la GR de un tirón y ya le queda muy poco. Nos cuenta que le ha llovido mucho y que ha visto más vacas que en toda su vida… Esto último nos extraña, viniendo del Reino Unido, pero no hay tiempo de indagar mucho más… una pena, parecía bien majete el inglés.

Esta jornada pasa por Beget, uno de esos pueblos que salen en las revistas de viajes entre los 10 pueblos más bonitos de la península. Y lo es, quizá demasiado, de tan arregladito que está. Imposible comprar el avituallamiento que nos ha ido apañando durante la ruta (frutas y embutidos locales). Acalorados y sudorosos terminamos celebrando el día de San Fermín en un restaurante del lugar… con su sabrosa oferta de producto local …o quizá no.

En Beget nuestro grupo llama la atención entre los turistas y conversamos agradablemente con algunos, contentos de informarnos sobre las maravillas del románico de la zona. Con otros no fue posible, a falta de catalán por nuestra parte, nos hablaron en francés… igual no se dieron cuenta que podíamos entendernos en castellano.

El camino desde Beget a Can Planas recorre la Riera de Beget; una delicia botánica para Tati y Jose, que nos van ilustrando con su sabiduría.

Can Planas, nuestra meta,  puede presumir de su aromático jardín y su fresca piscina. Es otro lugar original, una masía que ha acogido colonias de niños y que dispone de un enorme dormitorio con camitas para muchos enanitos. Goza de unas vistas 360º que celebramos con unas cervezas. Jorge, el anfitrión, nos trata muy bien, aunque echamos de menos a la cocinera de Easy Day y, por supuesto, a Conxita…

8-Can Planas-Setcases.

Un tramo más y lo tenemos. Las ampollas, o están casi curadas o ya da igual como estén,  así que dejaremos, por fin, que Elena descanse (sus cuidados han sido cruciales y un auténtico lujo).

Como es la última jornada hay cierta tentación de aflojar, por eso Jesús nos tienta con unas magdalenas, que compra en el pueblo de Molló y, francamente, sientan de maravilla. Breve inciso para comentar que algo hemos cambiado estos años de marchas montañeras:  cada vez menos chocolate, menos golosinas, menos bebidas alcohólicas… a cambio, más cabeza, más filosofía, más aguante y mejor planificación.

Hoy caminaremos a pleno sol y subiremos más de 1.200 metros hasta alcanzar el punto donde se inicia el descenso hasta Setcases. Habrá que contar historietas como las que evoca con detalle Rosalía, que parecen guiones de película pero que son auténticos “sucedidos”. Contar y escuchar entretiene y alivia la fatiga. Comprobado.

El paisaje de esta jordana anuncia lo que será el siguiente episodio de la GR-11: bosques de robles, pinos, ya sin alcornoques, que alternan con cumbres airadas y peladas, luciendo, magníficas, las huellas de la erosión; desniveles marcados, caminos más agrestes, mayores soledades… pero eso será ya en la próxima salida.

Ahora el anhelo es Setcases. Por fin llegamos y lo encontramos en plena alegría del verano. En el Hostal La Cabanya, donde nos alojamos, todo nos parece lujo y comodidad. El cansancio se evapora.

Menciones para: los sabrosos melocotones, las butifarras locales, las frambuesas silvestres, la zarzaparrilla, las chumberas, los robles, las jaras, las ermitas, los refugios, los riachuelos que se pasan descalzos, las gorras que se pierden, los tobillos que se doblan, las tiritas y los compeed, las canciones que acompañan, las bromas y las confidencias… Para que repitamos, para que cada vez que  amanezca … apetezca.

Datos:

188,49km recorridos - 9.180m subida - 7.958 m bajada - 67 horas caminando

Los alojamientos:

https://hotelscheck-in.com/hostal-german-catalonia/en/

https://www.elpenell.com/es/home/

https://www.fincaderequesens.cat/

https://www.airbnb.es/rooms/11908261?_set_bev_on_new_domain=1690958564_NjU0YTdhNTBiN2Q3&source_impression_id=p3_1690958565_U6VoIVYsuMuS6FzS

http://calaconxita.com/

https://www.rectoriadalbanya.com/

https://www.easy-day.com/es

https://www.gasoveres.com/

https://lacabanya.net/es/

Las etapas: 

https://fatmap.com/routeid/3232332/dia-1?fmid=cp

https://fatmap.com/routeid/3232364/dia-2?fmid=cp

https://fatmap.com/routeid/3232369/dia-3?fmid=cp

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https://fatmap.com/routeid/3245779/dia-7?fmid=cp

https://fatmap.com/routeid/3245780/dia-8?fmid=cp